El 6 de Noviembre decidimos poner
rumbo a Marsaxlokk (al Sur-Este de Malta) y esperar allí la buena
ocasión para cruzar hasta Túnez. Dejamos Malta con la intención de
explorar mejor sus bonitas costas en otra ocasión, aunque nos vamos
muy contentos por dejar atrás un país donde la comida nos ha
decepcionado profundamente! El viernes 9 de Noviembre levantamos el
ancla y pusimos proa a... África!
180 millas, 24 primeras horas a motor
sin apenas una pequeña brisa que hinchara nuestras velas y las
restantes 24 horas con una fuerza de entre 6 y 7 en la escala de
Beaufort entrando por babor. Sabíamos que durante la madrugada del
segundo día estaríamos muy cerca de la costa tunecina pero nos
llevamos una decepción con las primeras luces... Solo se veían las
olas tan majas que nos habían estado meciendo durante toda la noche
y ningún indicio de tierra en el horizonte. Verificamos en el
ordenador que en dos horas tendríamos que estar tocando la costa así
que continuamos nuestro rumbo. De echo, entre las olas, la neblina
existente y la poca altura de este país no pudimos ver tierra hasta
que estuvimos bien cerca de ella.
Lo más duro fue poder llegar hasta la
bocana del puerto de Monastir ya que había que esquivar unos bajos y
cuando nos dimos cuenta estábamos a unas 15 millas al Nord-Este de
nuestro destino y con el viento en aumento viniendo de la dirección
de nuestro destino. Nos pasamos el día entero haciendo bordos y
alcanzamos por fin nuestro objetivo a las 1800 horas del 11 de
Noviembre.
Lo primero que hay que hacer al llegar
a Túnez es informar a la policía de la llegada del barco al igual
que si se quiere salir a navegar un rato o si se decide avanzar hacia
otro lugar del país. Vinieron a inspeccionarlo (todo correcto) y nos
pidieron 10 Dinar (unos 5€) por un sello oficial para los
documentos, aunque parece ser que tal sello “no existe”... El
viento siguió subiendo durante la noche y decidimos mover el barco
del muelle de recepción hasta un pantalán donde quedaba bien al
abrigo. Allí nos encontramos a la familia del Skaf y a un montón
más de barcos habitados por franceses cargados de niños, un belga y
una pareja de australianos. Todos ellos hacen una pausa durante los
meses más tormentosos del año, algunos pasarán estos meses en el
barco y otros regresan a su país de origen durante un cierto tiempo.
Bomberos retirados, circenses, informáticos, banqueros,
diseñadores... El ambiente es muy agradable y la verdad es que se
agradece el poder charlar e intercambiar opiniones con todo el mundo!
Llegamos en el momento perfecto, durante los siguientes cuatro días
hemos tenido vientos que no han bajado de entre 40 y 50 nudos
acompañados de lluvias y tormentas eléctricas... Que bien se está
en la camita oyendo aullar el viento fuera y sabiendo que podemos
dormir a pierna suelta!

Hicimos una simpática excursión organizada por el puerto y, como no, los franceses nunca zarpan sin su botella de vino!
Habitantes del Skaf, Diego y Francesca
Niños de todos los colores nos atropellan continuamente!
Thibault y Charlotte alucinando con las manualidades de Olivier...
Aquí se obtiene un buen precio para
poder sacar el barco del agua y así renovar la pintura anódica de
la obra viva, la comida es buena y económica y la gente es agradable
y se habla francés. Decidido, pasaremos el fin de año por la zona y
también aprovecharemos para visitar el interior.